No es lo mismo vender en línea que brindar experiencias digitales gratificantes. Y Ulabox lo sabe.

Hace ya tiempo que decidí que no tenía tiempo ni ganas de andar correteando por pasillos de supermercado, de modo que suelo hacer mis compras a golpe de ratón. Durante un par de lustros me abastecí a través de una cadena de cuyo nombre no quiero acordarme, no obstante hace medio año cambiaron su web e hicieron caso omiso a mis problemas para acceder al nuevo portal. Así que me pasé a Ulabox. Gracias a ello he vivido de primera mano la diferencia entre comprar en línea y disfrutar de experiencias digitales gratificantes.

En Ulabox no solo facilitan información exhaustiva de cada producto, sino que, emulando a TripAdvisor, los usuarios pueden puntuar cada referencia una vez que la prueban. Un día me dio por valorar algunos artículos, entre ellos una tortilla que había llegado en mal estado. Enseguida recibí un correo electrónico de Ulabox en el que me informaban de que me devolverían el importe y manifestaban su deseo de que la tortilla que había solicitado en mi pedido más reciente –todavía en curso- cumpliera con mis expectativas.

Esta comunicación me impresionó profundamente y suscitó algunas reflexiones :

  • Si proporcionas servicios en línea, asegúrate de que también responderás en línea.No basta con disponer de la tecnología necesaria, hay que saber utilizarla para brindar servicios digitales de manera integral. En la cadena de supermercados a la que ya no recurro, jamás respondían a las incidencias que reportaba por correo electrónico, tan solo me atendían cuando llamaba por teléfono. Y no solo eso, también me enviaban por correo postal promociones que únicamente eran válidas para compras presenciales, a pesar de que yo jamás pisaba sus puntos de venta. E hicieron caso omiso cuando me dirigí a ellos desde mi ordenador para señalárselo. O sea, nuestro canal de comunicación no lo escogía yo, sino ellos. Es más, seis meses después de dejar de comprar sus productos –pasmosa agilidad de reacción-, me han telefoneado para preguntar por el motivo de mi abandono, “con lo buena clienta que era”.

 

  • La relación digital facilita valiosos datos sobre tu cliente, ¡utilízalos! Aunque no me había dirigido a ellos directamente, desde Ulabox practicaron la escucha activa y detectaron cierta insatisfacción en un producto. Era apenas una gota en el océano, sin embargo se molestaron en revisar mi perfil y en crear una comunicación personalizada. Esta manera de relacionarse conmigo me cautivó. Me sentí especial y que realmente se preocupaban por mi bienestar. En ese momento dejé de ser una simple usuaria y me convertí en embajadora de la marca (a la vista está).

 

  • Piensa en global y actúa en local. Permanecer atento a las tendencias y a los cambios a escala global es una buena fuente de inspiración para crear soluciones personalizadas. Gracias a la tecnología, los productores de proximidad pueden establecer relaciones relevantes y duraderas con clientes que residen en su zona de influencia. Y no solo eso: aplicaciones como Manzaning reinventan el comercio de barrio, mientras que Ulabox ha establecido un acuerdo con el emblemático Mercat del Ninot para incluir en su oferta productos frescos de las paradas tradicionales.

¿Y tú? ¿Has vivdo alguna experiencia digital especialmente gratificante? Si es así, me encantaría que la compartieras conmigo. ¡Soy toda orejas!

 

Helena Sanz

Piensa y escribe en Mostaza

 

Carme Ambrós, nueva directora general de Mostaza

En Mostaza estrenamos Directora General. Se llama Carme Ambrós y se incorpora para impulsar nuestra nueva propuesta de valor. Queremos ser referentes en la movilización y el desarrollo de experiencias de marca para empleados, clientes y consumidores, y hemos ampliado nuestro portfolio de productos con acciones dirigidas a la comunicación de la transformación.

Carme procede de Nexe the way of change, donde desempeñaba hasta ahora las funciones de directora de marketing y negocio. La nueva directora general cuenta con más de 20 años de experiencia al frente de equipos y proyectos que responden a retos de transformación, evolución de negocio y de la experiencia de cliente.

Esta incorporación se produce tres años después de que  Mostaza pasara a formar parte del Grupo Nexe the way of change, del que también forman parte Enzyme y Arise.

En esta nueva etapa, Eva Lovrics, fundadora de la agencia, será la responsable de la dirección creativa y liderará en primera persona proyectos de carácter estratégico y con dimensión internacional.

Pero como vale más una imagen que mil palabras os dejamos con una pequeña píldora audiovisual que explica que hacemos y cómo lo hacemos. Esperemos que os guste.

¿Eres feliz en tu puesto de trabajo?

Para establecer una relación fructífera y perdurable entre profesional y empresa no basta con acordar unos honorarios, también hace falta atender el salario emocional, esa fracción no económica de la retribución que refuerza el sentimiento de pertenencia a la comunidad laboral. Es tan importante como la remuneración, o incluso más: cuando te sientes satisfecho y reconocido en tu desempeño, no solo rindes más y mejor, sino que incluso desestimas otras ofertas y te conviertes en el mejor embajador posible de tu empresa.

Además de apoyarse en los grandes clásicos del salario emocional -brindar beneficios sociales, habilitar espacios de ocio para hacer pausas o facilitar cursos para desarrollar potencialidades-, gracias a las nuevas tecnologías se pueden fomentar dos aspectos muy valorados por cualquier empleado que desee conciliar su vida profesional con la personal: la flexibilización de los horarios y el teletrabajo forman parte de un mismo paisaje que algunas empresas ya están instaurando con éxito. Bienvenido sea el smart working. La multinacional estadounidense Mondelēz ha ido implantando gradualmente esta práctica en su división española, según detalló un artículo publicado en Expansión el pasado mes de febrero.

Otra estrategia para retener el talento y conseguir que los empleados se sientan felices y, en consecuencia, sean más productivos, es el buen uso de la comunicación interna y la revisión periódica de los indicadores del clima laboral por parte de Recursos Humanos. Al fin y al cabo, como asevera el empresario Richard Branson, fundador de Virgin, los empleados son lo primero y, si cuidas de ellos, ellos cuidarán de tus clientes. En este sentido, una de las más óptimas herramientas de medición del ambiente de las organizaciones son los cuestionarios del clima laboral, que incluyen la valoración del liderazgo y de la gestión de los equipos por parte de mandos intermedios y superiores. Los problemas detectados pueden solventarse a medio plazo con cambios en el organigrama y programas de formación específicos.

Y tú, ¿eres feliz en tu puesto de trabajo? ¿Crees que quienes colaboran contigo o están a tu cargo lo son? ¿En qué medida influye tu manera de desempeñarte en su estado de ánimo? Merece la pena reflexionar un poco sobre ello. Al fin y al cabo, antes que profesionales, somos personas.

 

 

Helena Sanz

Piensa y escribe en Mostaza

COSAS QUE ME EMOCIONAN

Me emociona la buena música, un bonito atardecer, el sonido de la lluvia tras la ventana, el final de una película romántica, los helados de pera, encender las luces de navidad y leer poesía.

Desde pequeña he sido una persona muy sensible, me emocionan muchas cosas, tanto positivas como negativas, aunque intento quedarme con las primeras. Soy de aquellas que no pueden evitar soltar una lagrimilla con las películas donde un personaje entrañable muere, que le brillan los ojos cuando recuerda aquel verano en la playa y que sonríe cuando piensa en el futuro.

Es verdad que me emocionan muchas cosas. Tantas, que me resulta imposible enumerarlas en una sola hoja, pero hay una cosa que me despierta sentimientos más que nada, y son las personas.

Me emocionan las personas, así, en general, como si no fuera nada pero como si lo fuera todo. El olor del bizcocho de mi abuela, el perfume de mi madre, el café con mis amigos los domingos por la tarde… Me emocionan los aromas relacionados con personas porque me transportan a momentos de felicidad absoluta.

Me emociona ver a los niños sonreír en el parque, cuando veo que las cosas son más sencillas de lo que parecen. También me emocionan los besos mañaneros, aquellos que van acompañados de un “buenos días” con voz dormida y unos rayos de sol a través de la persiana.

Mi plato favorito encima de la mesa en mi cumpleaños, que a pesar de estar ahí cada año, se convierte en una sorpresa inesperada.

Me emociona saber que algún día seré mayor como mi abuelo y podré dar sabios consejos, aun sin tener ni idea de lo que esté diciendo, ya que todos confiarán en mis palabras.

También me emocionan mis amigos cuando consiguen deshacer planes para poder tomar una cerveza fresquita en la terraza de aquel bar.

Y la risa de mi hermano pequeño cuando le hago cosquillas. Aquella risa nerviosa que está mezclada con cara de pena para que deje de sujetarle los pies.

Visto así puede que sea una persona demasiado emotiva, que me pueda el corazón por encima de la cabeza, aunque tampoco creo que me perjudique en mi día a día. Y es que a mi me gusta poder mirar a los ojos a una persona y poder sentirla por lo que me transmite, sin poder siquiera tener la oportunidad de juzgarla. Saber tan solo con su expresión cómo se siente, quién es en realidad, y lo más importante, qué le emociona.

La verdad es que no me importa llorar en el cine, ni sonreír sin sentido aparente en medio de una reunión. Me encanta emocionarme, incluso cuando lo hago sin darme cuenta, como escribiendo este texto.

 

Sara Jurado

Déjate emocionar por Mostaza Comunicación.

 

 

 

Las voces de mi generación

Los jóvenes de mi generación, a los que os empeñáis en llamar millenials, los primeros bebés de la era digital, somos prudentes con nuestras emociones. Tenemos una especie de miedo al rechazo, nos han preparado para ello, nos lo inyectaron en vena en la universidad, y nos lo siguen repitiendo nuestros padres en cada cena familiar.

Estamos entrenados por si algún día nos dicen NO, pero en realidad ¿Nos han dicho que no alguna vez? Probablemente no, y, aun así, el “trauma”, nos sigue a todas partes. Pero no sufráis profesores, padres y amigos, esto nos ha hecho ser mucho más efectivos que el resto. Nos hemos convertido en espectadores de nuestras propias vidas, somos ojeadores, siempre, antes de actuar, habremos estudiado todas las posibilidades. Lucharemos.

Ya ni siquiera sabemos cómo ligar o comprar sin tener un abanico de opciones a nuestra disposición, queremos saber donde elegir. Vamos al grano, no nos andamos con rodeos, no vamos a ciegas, y tomamos el control, lo tenemos todo calculado. Date cuenta de que somos jóvenes capaces de decirte con un solo emoticono todo lo que sentimos. Pertenecemos a una especie super-icónica, somos expresivos-visuales, porque para qué usar las palabras si podemos usar el emoticono del aguacate. No nos gusta perder el tiempo.

Y por ello, creo que la comunicación es ahora más precisa que nunca. Somos el nuevo marketing, sabemos qué decir y cómo decirlo, hemos sabido exprimir nuestra inteligencia emocional al máximo, para transformarla en tweets de 140 caracteres y hacerlos trending topic. Hemos conseguido un lenguaje tan exacto que retrata la complejidad de lo que sentimos, que ya es mucho, teniendo en cuenta el nivel de confusión que tenemos.

Me gustaría poder ofreceros una especie de guía para entender a los millenials, pero nunca sería precisa o exacta, somos una montaña rusa de emociones, hoy nos gusta House of Cards y mañana creemos que es un despropósito. Es difícil entender que para nosotros un OK en WhatsApp es un me-da-bastante-igual-tu-vida, y que usamos la palabra Random para casi todo en esta vida, o bien, que no vamos a estar nunca acostumbrados a los trabajos de oficina. Muchos nos llaman perezosos, narcisistas y desmotivados. Creo que somos todo lo contrario, somos tan motivados y nos exigimos tanto que no podemos conformarnos con poco, necesitamos probar, probar, y volver a probar. Aprendemos rápido y también desaprendemos.

Somos capaces de manejarnos cuando hay exceso de información, aprendiendo a filtrar en vez de buscar. Le hemos dado una vuelta de 360º a la comunicación convencional y a la digital. Y por todo esto y mucho más, somos los jóvenes indecisos con más decisión de todos los tiempos. Y si algún día nos dicen que no, que sepan que vamos a tocarles tanto las narices, que acabará siendo un sí.

 

Laura Garde

Piensa en millenial para Mostaza