Twitter, el espejo de los eventos.

Trabajar en los #PremiosOndas que se celebraron la pasada semana, me dio la oportunidad de constatar una vez más que twitter se ha convertido en una herramienta indiscutible para aumentar la visibilidad y repercusión de los eventos.

Twittear se ha convertido en una norma más para entrar en cualquier conferencia, evento o similar, y no debemos tomar esta postura como una falta de educación, sino más bien como un aumento del valor de esas exposiciones, aportando sensaciones, preguntas, comentarios, archivos audiovisuales, etc., como una nueva manera de enriquecer un evento.

Es muy importante que los organizadores creen un hastag específico para el evento, de manera que sea mucho más fácil encontrar las conversaciones alrededor del mismo. Normalmente, lo que mejor funciona es utilizar las siglas y año de tu evento. Por eso nosotros, probamos con #Ondas2016.Esto nos dio la posibilidad de interactuar a tiempo real con nuestra comunidad, antes, durante y después de evento.

Y eso que suele ser así con el twitter tradicional aumenta de manera exponencial cuando hablamos de sus aplicaciones.

Para un evento como los #PremiosOndas, el Periscope, que ya utilizamos el pasado año, es ideal porque permite hacer partícipes de la experiencia a los miembros de nuestra comunidad que pueden subirse en el coche con su artista favorito, escuchar en directo el chiste de los presentadores o asistir a una conversación entre los diferentes miembros del equipo de uno de los programas premiados. Twitter nos hace de altavoz y convierte un evento al que pueden acudir unas 2.000 personas, en un evento que viven tantas personas como queramos (en función de la comunidad) y que pueden llegar a ser millones.

Pero, sin duda, la gran revelación de este año ha sido el Twitter Challeger, una app que suele instalarse en un ipad tuneado en forma de espejo y que nos permite hacer fotos, videos y gifts y firmarlos o personalizarlos con emoticonos. La app es fácil y rápida de utilizar y fue un complemento para explicar a nuestros seguidores lo que ocurría en el backstage. Con esto ampliamos la experiencia de los asistentes y les dimos a nuestros seguidores otro punto de vista de la gala. ¡Todo un éxito!!!

Aunque el éxito no sólo radica en la utilización de las herramientas, sino en el hecho de que se utilizaron dentro de un plan de comunicación. Y es que así debe ser en este evento y en cualquier otro, independientemente de si hablamos de una gala, de una conferencia o de una convención. Las herramientas son maravillosas, pero no tiene ningún sentido aplicarlas sin directriz.

A estas alturas, las marcas tienen perfectamente claro el potencial que tienen los canales sociales para transmitir a los fans o seguidores su esencia y su filosofía, sólo falta que lo incluyan dentro de sus planes de comunicación y que tengan claro que, en los eventos, las redes sociales son un factor clave.

 

Heidi Güells

Observa, relaciona, conversa, escucha, interactúa…para Mostaza Comunicación

De Promoters y cuentos de hadas.

Érase una vez una niña que fue al parque temático Disney con su muñeca favorita a la que paseó por todas las atracciones y con la que jugaba sin parar, presentándosela a todos sus queridos personajes. Pero de repente, en un descuido, la muñeca se le cayó tras una verja y fue a dar a un charco de barro.

Cuando el empleado del Parque recogió la muñeca, estaba hecha un desastre, así que le dieron un baño, le cambiaron de ropa, le hicieron un nuevo peinado e incluso le sacaron fotos con otras muñecas de Disney antes de devolvérsela a la niña. “Pura magia”, es como describió la madre de la niña la vuelta a casa de la muñeca.

Esa devoción por un trabajo bien hecho tiene su recompensa. ¿Qué te ha sugerido la historia cuando la has leído? ¿Cómo crees que influye este hecho en la percepción de marca del Parque Disney? ¿Cuántos centímetros medía la sonrisa de las madres de la escuela de la niña, cuando ésta les contó la anécdota? ¿Cómo impactan esos centímetros en los resultados de negocio del Parque?

Lo más llamativo de este final de cuento de hadas, no es lo que ocurrió. Si no lo que no ocurrió. El empleado de jardines del parque temático no entró en pánico, no escaló el problema a sus responsables buscando una solución, ni consultó un protocolo de actuación en casos de emergencia de niñas que lloran por que se les estropea su muñeca preferida. Simplemente entendió y aplicó la visión de la compañía:

“…ofrecer una experiencia perfecta “mágica” para sus clientes en todas sus operaciones -parques temáticos, hoteles, tiendas, restaurantes, etc.- como objetivo primordial- “[1]

Cómo se consigue transmitir la misión y la cultura de una organización desde el “laboratorio de ideas” de las oficinas centrales hasta el empleado de jardinería no es fácil. Estamos hablando de crear un camino tan fuerte que no se debilite en toda la cadena que supone una gran organización. Y desde luego, no hay atajos para crear una conexión emocional con cada cliente: en pocas ocasiones el promotor de esas emociones es quien va a transmitírselas al cliente en primera línea.

Necesitamos crear un ambiente en el que esa conexión emocional se refuerce y se empodere según se va expandiendo en todos los ámbitos de la compañía. Que los empleados se vinculen y sientan que “me importa mi empresa, por que a mi empresa le importo yo”, es un win to win, en el que todas las piezas de compañía comparten un bien común, que es el que guía la actuación de todos los implicados.

Ese es un camino que muchas compañías desean tomar, comenzando por entender la relación directa que existe entre el NPS (Net Promoter Score) y el NPP (Net Promoter for People, vaya, el NPS de los empleados). No es fácil, hay obstáculos en el camino generalmente derivados de la falta de estructuras y canales de comunicación, pérdida de entusiasmo a lo largo de un proceso que es largo, falta de empuje e impaciencia por parte de los líderes del proyecto… Pero el impacto en el negocio de una buena combinación de NPP y NPS es tan elevado, que merece la pena intentarlo.

En Mostaza tenemos mucha experiencia ayudando a grandes empresas a transitar este camino a través de la comunicación interna. Se lo puedes preguntar a nuestros clientes, que están encantados de explicar sus experiencias con nosotros, ¡tenemos un NPS muy alto!

Pero, si de verdad te interesa saber qué podemos hacer por tu compañía, llámanos, estaremos encantados de devolverte la ilusión de tu muñeca preferida y os acompañaremos en el camino al éxito.

Eva Quesada.

Inspirada por los resultados de los proyectos que desarrollamos aquí, en Mostaza.

 

[1] https://thebrandholics.wordpress.com/2014/11/19/mision-vision-y-valores-de-disney/

 

Regreso al futuro

:o <3

Decía Albert Mehrabian, allá por 1967 que sólo el 7% de la comunicación interpersonal son las palabras, el 93% restante es la entonación, la velocidad, la emocionalidad, los gestos… la famosa y misteriosa comunicación no verbal.

Y ahora ¿qué? La mensajería instantánea como Whatsapp, Messenger o Viber, por nombrar algunas,  y redes sociales como Facebook o Twitter, nos convierten en ávidos lectores y prolíficos escritores. ¡Parece que nunca antes habíamos escrito y leído tanto!

No obstante en toda esa literatura, en la mayoría de los casos relacional e informal, el mensaje está descontextualizado y para transmitir nuestros pensamientos y emociones sólo contamos con ese 7% que decía Mehrabian. Si le añadimos la economía del lenguaje que se acorta palabra, ahorra vocales y elimina signos de puntuación, nos quedamos con un código bastante torpe y raquítico para poder expresarnos.

Así que démosle las gracias a Scott Fahlman, un profesor de Carnegie Mellon que para evitar un malentendido se le ocurrió en 1.982 que los dos puntos, el guión y el paréntesis indicaba una carita sonriente y por tanto, una broma. Y para que sus destinatarios lo entendieran sólo hizo falta una sencilla instrucción: : -) Léanlo de lado.

Y a partir de ahí, la cosa se disparó: según Emojitracker, un sitio que mide el uso en tiempo real de emoticonos en Twitter, se emplean alrededor de 300 por segundo en redes sociales y mensajería instantánea.

Los emoticones nos ayudan a revestir de intencionalidad y emoción a nuestra palabra escrita en comunicaciones digitales, tanto es así, que hasta empezamos a ver su uso en la escritura analógica, especialmente en los más jóvenes, cuando sólo disponen de papel y boli para expresarse, no se cortan un pelo y te dibujan un smiley al lado de un “tqm”, así, analógicamente hablando. Y no les falta razón; está comprobado que estos dibujitos traen los matices de la comunicación no verbal a la comunicación escrita y en diferido: una investigación publicada en Social Neuroscience y llevada a cabo por Owen Churches, psicólogo investigador en la Universidad de Flinder, Australia, determinó que ver un emoticono conocido y anteriormente interpretado, provoca una actividad cerebral muy similar a ver una cara real. Es la fuerza de la comunicación simbólica que ya conocemos desde los jeroglíficos egipcios, ahora en versión digital.

Para algunos esta moda es dañina ya que tiende a despersonalizar al individuo, uniformando nuestra emocionalidad al resumir toda una emoción compleja en un solo dibujo. Si el lenguaje representa al pensamiento y todos usamos el mismo código, podríamos caer todos en un pensamiento uniforme, según Jairo Valderrama, profesor de periodismo en la Universidad de la Sabana.

Entonces, ¿representan los emoticonos un empobrecimiento del lenguaje y por tanto del pensamiento, o estamos frente a una herramienta que nos ayuda a dar color y calor a nuestras comunicaciones interpersonales?

Mmmm… Depende de quien lea y quién escriba 😉

Eva Quesada

Analiza, gestiona, coordina, organiza, ejecuta e investiga para Mostaza

La digitalización me cambió la vida

Hace unos años mi teletrabajo hubiera sido implanteable. Escarbo en mi memoria y me visualizo, en una multinacional de publicidad de cuyo nombre no quiero acordarme, encadenada a una mesa. Se fomentaba lo que ahora viene en llamarse “hora nalga”, es decir, la permanencia -¿fosilización?- en el puesto de trabajo –aparca tu vida a la entrada, por favor- y la fusión con el escritorio para calentar la silla hasta avanzada la noche, al margen de que las neuronas estuvieran en modo hibernación. Abundaban también las reuniones absurdas e ineficientes por sistema y la deshumanización –entendida como pérdida de la cordura y el sentido común- ad nauseam. Definitivamente, cualquier tiempo pasado fue peor.

Cuando el entorno empezó a evolucionar, descubrí que la digitalización podía ayudar -¡y cómo!- a recuperar la humanidad de mi día a día laboral. Empecé a prestar mis servicios a personas –grandes personas- que, oh sorpresa, me valoraban por mis resultados. Les bastaba con que cumpliera con el objetivo y el plazo de entrega acordados y que permaneciera a un clic de disponibilidad, cómo me organizaba era cosa mía. Había alcanzado -¡por fin!- la mayoría de edad profesional. Porque una de las maravillosas novedades que han aportado las nuevas tecnologías, los dispositivos móviles, la colaboración en red, es La Gran Conciliación. Así, con mayúsculas: nunca antes tuvimos tan a nuestro alcance la posibilidad de conjugar el deber con el placer, la obligación con la pasión, la pervivencia con la vida. Por no hablar de la pulverización de las fronteras y la emoción del descubrimiento cuando compruebas, fascinada, que tienes más en común con una bloguera neozelandesa que con tus vecinos de rellano.

Adiós, tribu. Hola, mundo.

Aunque nací analógica, lo cierto es que me relaciono de manera digital con el trabajo, las compras familiares –alimentación, ocio, cultura-, la información, la planificación de mis viajes y la gestión de todo aquello que puede mejorar el desarrollo de mis hijas. No sin mi Mac. No sin esa cautivadora, gratificante y enriquecedora digitalización que me cambió la vida. Por supuesto, a mejor.

 

Helena Sanz

Piensa y escribe en Mostaza

 

Transmedia, ¿Y qué más? (parte 1)

De tanto usar la palabra Transmedia y usarla mal – es una estrategia, no un objetivo -, parece que está perdiendo el punch o fuerza, pero sólo la palabra, afortunadamente. Como estrategia, el concepto no hace más que evolucionar y sofisticarse. No podría ser de otra manera. Llevamos más de 1.000 años de experiencia en transmedia.  Una estrategia que se demuestra cada día más útil gracias a la proliferación de medios y dispositivos de comunicación al alcance de la práctica totalidad del planeta.  

Los que rondamos la cuarentena de años entendemos instintivamente qué es una estrategia transmedia. Hollywood nos ha educado desde pequeños. Recordamos con una sonrisa tierna nuestras espadas láser de plástico verde o rojo – sintiendo los colores del lado de la Fuerza- o nuestro primer Ringtone “Teléfono Mi Casa” de E.T. Leímos todos los libros del Hobbit, El Señor de los Anillos y el Simarilión,  o asistimos fascinados y disfrazados a las Convenciones anuales de Trekkies  (Star Trek).

¿Qué estábamos haciendo? Cuando la familia nos regalaba una reproducción a escala 1:100 de la nave Enterprise, o cuando nos enfundábamos el traje de Chewaka o coleccionábamos los cromos de El Señor de los Anillos, para el descanso de nuestros padres parecía que brincábamos alejados de la sobremesa familiar. Pero estaba ocurriendo algo mucho más complejo. Nuestros recreos bebían de las historias que conocíamos de las sagas de aventuras, multiplicándose y enriqueciéndose gracias a nuestras dinámicas de juego. Hacíamos nuestras las historias. Las asimilábamos, entendíamos su contenido y lo aumentábamos. Replicábamos patrones y conductas de nuestros personajes favoritos y, de postre, marcas como Playmates Toy o Mattel entraban en casa.

Ocurría también que nos enganchábamos. Vimos la primera película de Star Wars. Leímos el cómic. Coleccionamos los cromos. Reconocíamos la banda sonora. Y volvíamos a la segunda película. Y a la tercera. Y a la cuarta. Y a la quinta. Y la sexta. Cumplidos los cuarenta, hace pocos meses pagué para ver la séptima. ¿Qué tienen estas películas? ¿Acaso son muy buenas? ¿Están tan bien interpretadas tanto la primera como la última? ¿Representan lo mejor del género de Ciencia Ficción hoy por hoy, del arte cinematográfico? No, no y no. Fílmicamente hablando, los académicos valoran mucho más otras películas como “Alien”, “Blade Runner”, “Dune” o “The Martian”.  La diferencia, como ya sabéis, está en la diversificación de contenidos autónomos que entretejen una misma historia. La archimencionada transmedia. Con ese truco antiguo, conquistaron nuestra imaginación, y seguimos interesados.

Puede ser que no te des por aludido o aludida.  Que nunca hayas encontrado tiempo para perder leyendo el Hobbit.  Pero si tienes más de treinta años, seguramente no tuviste otra opción que ver los Diez Mandamientos en el único canal de TV que compartíamos en los años 70 y 80.  Tal vez te consideres menos mainstream y menos vintage, y a ti lo que te va es la cultura. Tal vez has visitado la Capilla Sixtina – o la Sagrada Familia entre semana, supercool!-.  Puede que tampoco te interesen ni Roma ni Barcelona.  Pero para ti Papá Noel viste de rojo (gracias a Coca-cola y su transmedia)1 o tienes una Biblia en casa o la tuviste.  Una inmensa mayoría de los españoles celebramos las Navidades delante de un Pesebre y llevamos a nuestros hijos a la cabalgata de los Reyes Magos. ¿Te suena? Una historia. Muchos personajes.  Muchos formatos. Muchos canales.  Un mismo mensaje. Ahora entendemos de qué hablamos cuando hablamos de transmedia.

SantaC2

¿Pretendemos que las empresas imiten a los maestros del Storytelling; A la iglesia católica? Si. Y que lo hagan usando una estrategia transmedia. ¿Cómo puede beneficiar a una empresa el transmedia y porqué? (Próximamente parte 2).

Júlia Canosa

 

Mis adorables smombies

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