De tanto usar la palabra Transmedia y usarla mal – es una estrategia, no un objetivo -, parece que está perdiendo el punch o fuerza, pero sólo la palabra, afortunadamente. Como estrategia, el concepto no hace más que evolucionar y sofisticarse. No podría ser de otra manera. Llevamos más de 1.000 años de experiencia en transmedia.  Una estrategia que se demuestra cada día más útil gracias a la proliferación de medios y dispositivos de comunicación al alcance de la práctica totalidad del planeta.  

Los que rondamos la cuarentena de años entendemos instintivamente qué es una estrategia transmedia. Hollywood nos ha educado desde pequeños. Recordamos con una sonrisa tierna nuestras espadas láser de plástico verde o rojo – sintiendo los colores del lado de la Fuerza- o nuestro primer Ringtone “Teléfono Mi Casa” de E.T. Leímos todos los libros del Hobbit, El Señor de los Anillos y el Simarilión,  o asistimos fascinados y disfrazados a las Convenciones anuales de Trekkies  (Star Trek).

¿Qué estábamos haciendo? Cuando la familia nos regalaba una reproducción a escala 1:100 de la nave Enterprise, o cuando nos enfundábamos el traje de Chewaka o coleccionábamos los cromos de El Señor de los Anillos, para el descanso de nuestros padres parecía que brincábamos alejados de la sobremesa familiar. Pero estaba ocurriendo algo mucho más complejo. Nuestros recreos bebían de las historias que conocíamos de las sagas de aventuras, multiplicándose y enriqueciéndose gracias a nuestras dinámicas de juego. Hacíamos nuestras las historias. Las asimilábamos, entendíamos su contenido y lo aumentábamos. Replicábamos patrones y conductas de nuestros personajes favoritos y, de postre, marcas como Playmates Toy o Mattel entraban en casa.

Ocurría también que nos enganchábamos. Vimos la primera película de Star Wars. Leímos el cómic. Coleccionamos los cromos. Reconocíamos la banda sonora. Y volvíamos a la segunda película. Y a la tercera. Y a la cuarta. Y a la quinta. Y la sexta. Cumplidos los cuarenta, hace pocos meses pagué para ver la séptima. ¿Qué tienen estas películas? ¿Acaso son muy buenas? ¿Están tan bien interpretadas tanto la primera como la última? ¿Representan lo mejor del género de Ciencia Ficción hoy por hoy, del arte cinematográfico? No, no y no. Fílmicamente hablando, los académicos valoran mucho más otras películas como “Alien”, “Blade Runner”, “Dune” o “The Martian”.  La diferencia, como ya sabéis, está en la diversificación de contenidos autónomos que entretejen una misma historia. La archimencionada transmedia. Con ese truco antiguo, conquistaron nuestra imaginación, y seguimos interesados.

Puede ser que no te des por aludido o aludida.  Que nunca hayas encontrado tiempo para perder leyendo el Hobbit.  Pero si tienes más de treinta años, seguramente no tuviste otra opción que ver los Diez Mandamientos en el único canal de TV que compartíamos en los años 70 y 80.  Tal vez te consideres menos mainstream y menos vintage, y a ti lo que te va es la cultura. Tal vez has visitado la Capilla Sixtina – o la Sagrada Familia entre semana, supercool!-.  Puede que tampoco te interesen ni Roma ni Barcelona.  Pero para ti Papá Noel viste de rojo (gracias a Coca-cola y su transmedia)1 o tienes una Biblia en casa o la tuviste.  Una inmensa mayoría de los españoles celebramos las Navidades delante de un Pesebre y llevamos a nuestros hijos a la cabalgata de los Reyes Magos. ¿Te suena? Una historia. Muchos personajes.  Muchos formatos. Muchos canales.  Un mismo mensaje. Ahora entendemos de qué hablamos cuando hablamos de transmedia.

SantaC2

¿Pretendemos que las empresas imiten a los maestros del Storytelling; A la iglesia católica? Si. Y que lo hagan usando una estrategia transmedia. ¿Cómo puede beneficiar a una empresa el transmedia y porqué? (Próximamente parte 2).

Júlia Canosa