Hoy conversamos con María Izquierdo Pulido, Catedrática de Nutrición en la Universidad de Barcelona, con más de tres décadas de experiencia en docencia e investigación. Su trayectoria se ha centrado especialmente en áreas como la crononutrición –la relación entre la alimentación y los ritmos biológicos- y la nutrición de precisión: ha liderado proyectos de investigación en el ámbito de la nutrición, ha colaborado con instituciones internacionales y ha desempeñado diversos cargos de responsabilidad académica y de gestión en la Universidad de Barcelona.

Su trabajo se centra en comprender cómo la alimentación influye en la salud, el bienestar y el rendimiento, con el objetivo de acercar la ciencia a la vida cotidiana.

En los últimos años, el bienestar se ha convertido en una prioridad en empresas y sociedad. Desde la nutrición, ¿qué significa realmente “estar bien”?

El concepto de bienestar ha cobrado cada vez más importancia. Durante miles de años, comíamos principalmente por supervivencia; hoy, en un contexto en que las necesidades básicas suelen estar cubiertas, buscamos algo más: sentirnos bien. Por tanto, el bienestar ha ganado protagonismo.

Desde esta perspectiva, la salud se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: la alimentación, el sueño, la actividad física y el bienestar emocional.

La alimentación, en particular, cumple varias funciones claves. Por un lado, nos aporta energía y nutrientes; por otro, también nos proporciona placer, ya que comer forma parte del disfrute. Además, tiene una dimensión social muy importante: compartimos comidas con amistades, con la familia, en celebraciones… En todas las culturas, la alimentación está ligada a momentos importantes. La alimentación, por tanto, no solo responde a una necesidad fisiológica, sino además social y emocional.

También es importante subrayar que la alimentación no debería convertirse en una fuente de estrés. No se trata de vivir pensando constantemente si lo hacemos “bien” o “mal”, sino de entenderla como una herramienta para cuidarnos y sentirnos mejor, desde un enfoque positivo y sin obsesiones.

¿Qué relación directa existe entre alimentación y rendimiento profesional en el día a día? ¿Qué deber tienen las organizaciones para promover el bienestar desde el punto de vista de la alimentación?

La relación entre alimentación y rendimiento es directa. Cuando una persona no se alimenta adecuadamente de forma habitual —ya sea por elecciones poco saludables, ingestas insuficientes o desordenadas o picoteo constante—, a largo plazo podría estar más cansada, más irritable, menos concentrada y, en consecuencia, rendir peor. Además, la forma en que comemos influye también en la calidad de nuestro sueño, generándose un círculo vicioso: comer mal afecta al sueño, y dormir mal condiciona las elecciones alimentarias del día siguiente, que probablemente serán opciones poco saludables, por ejemplo, algo dulce, porque buscamos una gratificación que compense que no hemos dormido bien.

En cuanto al papel de las organizaciones respecto a la alimentación de las personas, considero que deberían crear entornos que respeten y faciliten elecciones saludables. El bienestar no depende únicamente de decisiones individuales: también está profundamente condicionado por el contexto en el que trabajamos.

¿Hasta qué punto influye no solo lo que comemos, sino cuándo comemos, en nuestra energía y concentración?

Hoy sabemos que no solo importa qué comemos, sino también cuándo lo comemos. Este enfoque, conocido como crononutrición, nos muestra que el cuerpo no responde igual a los alimentos según la hora del día.

Somos una especie diurna, por lo que durante el día estamos mejor preparados para procesar los alimentos. Por ejemplo, los hidratos de carbono se gestionan peor a medida que avanza la tarde y llega la noche. Por eso, no es lo mismo tomar algo dulce por la mañana que por la noche, ni tampoco concentrar la comida principal al final del día. Durante la noche, el organismo debería estar enfocado en el descanso y la recuperación.

Mantener horarios regulares es clave, tanto en las comidas como en el sueño. Este aspecto está ampliamente estudiado, y sabemos que la desorganización horaria, tanto en la alimentación como en el descanso, puede tener un impacto negativo en nuestra salud metabólica.

En entornos laborales exigentes, ¿cuáles son los errores nutricionales más frecuentes que afectan al rendimiento?

Hay varios errores que se repiten con frecuencia. Uno de los más habituales es saltarse comidas o improvisarlas por falta de planificación, lo que acostumbra a traducirse en elecciones menos saludables.

También suele ser común abusar del café como un sustituto del descanso, especialmente en entornos con alta carga de trabajo y estrés. Del mismo modo, cuando no se desayuna adecuadamente, por ejemplo, por falta de tiempo, es frecuente llegar a la comida con un apetito excesivo, lo que favorece consumir más cantidad o elegir opciones menos saludables o equilibradas.

Otro error frecuente es comer demasiado rápido, a menudo delante de la pantalla y sin hacer una pausa real, lo que puede dificultar la regulación del apetito. A esto se suma, en muchos casos, una hidratación insuficiente.

Además, en situaciones de estrés o fatiga, es habitual recurrir a alimentos ricos en azúcares o grasas, que aportan energía rápida pero poco sostenida. A esto se puede sumar, en muchos entornos laborales, la escasa exposición a la luz natural y el bajo nivel de movimiento, factores que también influyen en el apetito, el estado de ánimo y el rendimiento.

¿Cómo deberían diseñarse los entornos de trabajo saludables para favorecer mejores hábitos alimentarios?

Más que grandes inversiones, lo clave es crear entornos que faciliten decisiones saludables de forma natural.

Esto empieza por respetar los tiempos: evitar reuniones en horarios de comida, permitir pausas reales y no invadir el descanso con dinámicas laborales continuas. Cuando las personas tienen tiempo para parar, es más probable que coman mejor.

También es importante cuidar el entorno físico: ofrecer acceso a agua y a frutas frescas, opciones de comida más saludables en las máquinas de vending, espacios adecuados para comer con tranquilidad o incluso facilitar pequeños recursos como nevera o microondas. Son detalles que marcan una gran diferencia en el día a día.

Otro aspecto relevante es la cultura de la organización. Promover el bienestar no consiste en imponer normas, sino en generar conciencia y coherencia: facilitar información, ofrecer formación y, sobre todo, dar ejemplo desde la propia organización.

En definitiva, no se trata de decirle a las personas qué deben comer, sino de crear condiciones que lo hagan más fácil.

Muchas personas sienten fatiga constante. ¿Qué papel puede tener la alimentación en esa sensación de cansancio?

La fatiga no depende solo de la alimentación, pero sí que puede desempeñar un papel importante. Muchas veces, esa sensación de cansancio está relacionada con una combinación de factores: estrés, sueño poco reparador, falta de actividad física o dietas poco saludables.

Además, el estrés sostenido tiene un impacto fisiológico relevante. Cuando el cerebro percibe una amenaza, activa la liberación de cortisol y prepara al organismo para responder. Esta respuesta influye, entre otros aspectos, en la regulación de la glucosa. Si se mantiene en el tiempo, puede convertirse en un factor de riesgo para la salud.

Lo llamativo es que hoy esa respuesta no suele activarse por una amenaza física real, sino por situaciones cotidianas, como un correo con malas noticias o una conversación tensa con alguien. Sin embargo, el cuerpo lo interpreta de forma muy similar y se activa la liberación de cortisol, generando la respuesta de estrés.

Por eso, todas aquellas acciones orientadas a reducir el estrés, aumentar el movimiento y mejorar la alimentación pueden tener un impacto positivo en la sensación de cansancio y, en consecuencia, en el bienestar general.

En modelos híbridos o de teletrabajo, ¿estamos comiendo mejor o peor? ¿Qué tendencias estás observando?

Hay dos realidades. Para algunas personas, el teletrabajo ha sido una oportunidad para organizarse mejor y para comer con más tranquilidad.  Para otras, especialmente aquellas que ya les era difícil organizar las comidas, el teletrabajo puede suponer una desventaja, ya que los límites entre trabajo y hogar se difuminan, favoreciendo las comidas delante de la pantalla y un picoteo más frecuente. 

En general, no diría que el teletrabajo haya mejorado o empeorado la alimentación por sí solo; más bien, ha amplificado los hábitos previos. Si una persona ya era ordenada, probablemente el estar en casa le permita una mejor gestión. En cambio, en otros casos, esa falta de separación puede resultar perjudicial. Es un tema interesante, aunque todavía poco investigado, que pone de manifiesto algo clave: no es solo dónde trabajamos, sino cómo organizamos nuestro entorno y nuestros hábitos lo que realmente marca la diferencia en nuestra salud.

¿Qué pequeños cambios en la rutina diaria pueden tener un gran impacto en la salud y la productividad?

Los cambios que realmente funcionan son los que se pueden mantener en el tiempo.

Uno muy sencillo es no improvisar constantemente qué comer. Tener pensadas opciones básicas para la semana evita decisiones impulsivas cuando hay prisa o cansancio.

Otro cambio clave es respetar el momento de la comida como una pausa real: parar, alejarse de la pantalla y comer con cierta calma mejora tanto la digestión como la sensación de saciedad.

También es importante cuidar el entorno. Tener a mano opciones saludables y fáciles —fruta, frutos secos, platos ya preparados en casa— facilita elegir mejor sin depender tanto de la fuerza de voluntad.

En cuanto al desayuno, más que obsesionarse con hacerlo perfecto, conviene evitar opciones muy azucaradas y poco saciantes. Y si no hay hambre a primera hora, no pasa nada: tomar algo a media mañana puede ser suficiente.

Por último, un recordatorio importante: no todo lo que parece saludable lo es. Hoy hay muchos productos ultraprocesados —también en versiones veganas—, por lo que priorizar alimentos sencillos y reconocibles sigue siendo la mejor estrategia.

Después de toda tu trayectoria, ¿qué le dirías a la versión más joven de María Izquierdo?

Le diría que nunca pierda la curiosidad. Siempre he sido una persona curiosa y creo que es fundamental seguir haciéndose preguntas.

Y también le recordaría algo importante: todo lo que investigamos, aprendemos o descubrimos solo tiene verdadero sentido si sirve para mejorar la vida de las personas.


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